Mariana, brasileña recién llegada a Buenos Aires, llevaba su mate y su termo en la mochila, junto con un cuaderno donde anotaba palabras y expresiones nuevas que escuchaba. Mientras caminaba por el parque, el sol iluminaba los bancos y los árboles, y el aroma de la yerba mate flotaba en el aire.

Se encontró con Tomás, que también tomaba mate y parecía disfrutar el sol de la tarde.

—¡Qué coincidencia! —dijo Mariana con una sonrisa—. Yo ya tomaba chimarrão en Brasil, pero ahora quiero aprender a preparar la mate argentina como se debe.

Tomás arqueó una ceja y sonrió.
El mate argentino. Entonces ya sos medio experta. Contame, ¿cómo lo preparás vos?

Mariana sacó su mate, lo llenó casi hasta arriba de yerba y empezó a verter agua caliente sin demasiada precaución. El vapor subía y el aroma verde invadía el aire.

Tomás levantó las cejas, pero no dijo nada de inmediato; su sonrisa cómplice delataba diversión.
—Ajá, veo que hacés la versión brasileña.

—¡Claro! —respondió Mariana, orgullosa—. En Brasil ponemos más agua, y así queda esa espuma verde y brillante.

—Acá es distinto —explicó Tomás mientras preparaba su propio mate con movimientos cuidadosos—. Mojamos solo un costadito, así dura más tiempo y la yerba queda lavada.

Mariana lo observó atentamente y luego rió, sintiendo que aprender esto era casi un ritual.
—O sea que el mate argentino es como una conversación: de a poquito, con pausas, dejando que cada sorbo tenga su tiempo.

—Exacto —dijo él, levantando su termo para brindar—. Y el brasileño es más… directo, sin tanta ceremonia.

Ella probó el mate de Tomás y asintió, disfrutando del sabor equilibrado.
—Me gusta. Pero ojo: si algún día te invito a chimarrão, ¡tenés que seguir mis reglas también!

—Trato hecho —contestó Tomás—. Yo te enseño a cebar, vos me enseñás a hacer espuma.

Se rieron juntos, compartiendo la mate y charlando sobre pequeñas diferencias culturales: la forma de hablar, el ritmo de la vida en Buenos Aires frente al sur de Brasil, la manera de disfrutar un mate o un chimarrão en grupo.

Descubrieron que, aunque otras costumbres fueran muy distintas, entre mate y chimarrão no había tanta distancia: al final, ambos eran excusas perfectas para conectar y compartir historias.


Preguntas

Más allá del mate

La historia de Mariana y Tomás no solo trata de mate y chimarrão. También habla de cómo las diferencias culturales pueden acercarnos a los demás.

Entre risas, sorbos y bromas sobre “el mate” y “la espuma” hay mucho para reflexionar:

  1. ¿Por qué creés que Mariana insiste en aprender a preparar el mate argentino cuando ya domina el chimarrão en Brasil?
  2. ¿Qué representa el mate en la historia? ¿Es solo una bebida o simboliza algo más, como la amistad, la paciencia o el respeto por las costumbres de otro país?
  3. ¿Creés que es importante aprender los “trucos locales” (como cebar de a poquito el mate) para sentirse parte de otra cultura? ¿Por qué sí o por qué no?

Te invito a compartir tus experiencias: ¿alguna vez probaste algo de otra cultura que al principio te pareció raro, pero después te terminó gustando o enseñando algo nuevo? ❤️

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